Entre las diferentes alternativas profesionales de los pilotos de aviación comercial, hoy queremos centrarnos en la instrucción de vuelo, la actividad de quienes forman a los pilotos del mañana.
Los instructores son un pilar fundamental en la aviación, ya que no sólo instruyen a los alumnos en aspectos operativos sino que son el primer contacto de los futuros pilotos con la cultura de seguridad y las buenas prácticas profesionales. De ellos depende, en gran parte, que los alumnos se impregnen de los principios deontológicos tan necesarios en todas las actividades, e imprescindibles en la aviación.
Responsabilidad de tal importancia no parece ser lo suficientemente reconocida y valorada si echamos un vistazo a las cifras. La instrucción de vuelo es una de las actividades dentro del sector de los trabajos aéreos más castigada por la siniestralidad.
Según los datos del Estudio sobre los informes técnicos de la CIAIAC relacionados con los Trabajos Aéreos, realizado por el COPAC con información comprendida entre 2001 y 2011, los vuelos de formación son los que registraban más accidentes e incidentes en ese periodo.
Es más, a pesar de que el número de operaciones de instrucción ha ido en descenso en los últimos años (en 2012 se realizaron 78.099, un 8% menos que el año anterior), la siniestralidad se ha mantenido constante con una media de dos fallecidos por año. Todo ello sin que la Comisión de Investigación de Accidentes e Incidentes de Aviación Civil (CIAIAC) haya realizado ninguna recomendación para la gestión de riesgos en esta actividad. Por desgracia, el último ejemplo es muy reciente, la semana pasada se produjo en Gran Canaria el accidente de una avioneta que realizaba un vuelo de instrucción en el que fallecieron sus tres tripulantes.
La instrucción no pasa por su mejor momento. Las escuelas también se están viendo azotadas por la crisis con consecuencias negativas tanto para alumnos, que ven cómo se quedan sin su formación tras haber realizado los pagos correspondientes, como para instructores, con nóminas pendientes de pago y una inestabilidad laboral, por desgracia, demasiado frecuente.
La solución no es sencilla, pero es fundamental fomentar la cultura de seguridad desde los inicios, ejerciendo un mayor control sobre las escuelas tanto operativo como económico que garantice a los alumnos su derecho a recibir una formación de calidad y que, tanto ellos como los formadores, puedan realizar sus vuelos con las máximas garantías de seguridad.
Los instructores tienen una gran responsabilidad, su trabajo constituye el germen de una aviación responsable en los futuros pilotos y debemos reconocerles el prestigio profesional que, sin duda, merecen.








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